Archivo de la categoría: Etnolingüística

El Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia (ALEC) y los atlas europeos regionales: concomitancias y contrastes léxicos

XXI CONGRESO INTERNACIONAL DE LA ASOCIACIÓN DE LINGÜÍSTICA Y FILOLOGÍA DE AMÉRICA LATINA

El Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia (ALEC) y los atlas europeos regionales: concomitancias y contrastes léxicos

José Ramón Carriazo Ruiz – UNED (España)

carriazo@flog.uned.es

ponencia

S8. Lexicología, lexicografía y fraseología

Miércoles 12. Aula: L212. 9:00 – 9:15

Resumen

La comparación entre casos de variación y difusión léxica en los atlas regionales del español europeo (ADiM, ALEANR, ALECant, ALECMAN…) y en el Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC), considerando tanto los factores culturales —que explican «the association of linguistic change with broader social patterns that are partly, if not entirely, independent of face-to-face interaction» (Labov 2010: 4)— como los mecanismos finalistas basados en la expresividad y la eficiencia dentro de la semántica diacrónica de los prototipos (Geeraerts 1997, 2005), arrojará luz sobre las causas sociales, las motivaciones y los factores cognitivos y culturales que intervienen en el cambio lingüístico: «¿son los sonidos o las palabras los que cambian?» (Labov 2010: 259, también preguntado para el español en Penny 2000: 70-73). En consecuencia, la extensión y uniformidad de los cambios léxicos y fonéticos se explicaría mediante una historia cultural que es al menos en parte independiente de la interacción cara a cara (Grondelaers y Geeraerts 2003, Geeraerts 2006); pero la uniformidad representa solo la mitad del problema más profundo de explicación suscitado por el análisis de las variantes léxicas dialectales, que revela diferencias y paralelismos en aspectos como la gramaticalización, la lexicalización, el cambio semasiológico, la polisemia y la variación onomasiológica o sinonimia. En este trabajo examinaré algunos casos de arcaísmos y ruralismos con o sin uso en el español de Colombia, según el ALEC, que se empleaban en los años de la recopilación de datos para los atlas lingüísticos y etnográficos regionales europeos, como carozo frente a tusa, cáscara ‘vaina seca de las legumbres’, becerro/ternero, los nombres del calostro y dar sal, echar sal… al ganado.

Sinopsis

1. Los hechos y las categorías o los datos y los conceptos

2. Geosinonimia, isoglosas y difusión léxica en los atlas dialectales

2.1. El vocabulario del maíz: los nombres del carozo

2.2. Las legumbres y sus partes: cáscara ‘vaina seca’

2.3. La cría de la vaca: becerro y ternero

2.4. Los nombres del calostro

2.5. Ganadería: dar sal, echar sal…

3. Algunos ejemplos más, conclusiones y un pero

1. Los hechos y las categorías o los datos y los conceptos

Los objetivos de esta comunicación son (A) buscar americanismos, arcaísmos y vulgarismos léxicos en el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia (ALEC) y los atlas europeos regionales para presentar el Corpus de los Atlas Lingüísticos (CORPAT) y (B) explicar las continuidades, o concomitancias, y las discontinuidades, o contrastes, entre el vocabulario rural americano (Colombia) y europeo (España) mediante la aplicación de las siguientes categorías:

(a) factores culturales (Labov 2010) y

(b) continuum (Penny 2000) para.

Me serviré para ello de cinco casos estudiados en otro trabajo (Carriazo en prensa) más algunas definiciones y ejemplos tomados la de bibliografía reciente (Chávez Fajardo 2023, 2021a, 2021b y 2021c).

2. Geosinonimia, isoglosas y difusión léxica en los atlas dialectales

Se estudian, primero, los cinco casos de continuidad y discontinuidad a partir de los datos recogidos en la segunda mitad del siglo pasado en los diferentes atlas lingüísticos y etnográficos sobre los geosinónimos seleccionados:

  1. los nombres del carozo o tusa,
  2. los de la vaina seca de las legumbres,
  3. los de la cría de la vaca,
  4. los del calostro y
  5. las expresiones empleadas para designar la acción de dar sal al ganado.

En el caso de los tipos naturales escogidos, se explora, asimismo, la variación semasiológica; por ejemplo, en los cereales o las legumbres se establece una correlación entre meronimia y metonimia, ya que el nombre del grano o semilla sirve para designar al conjunto de la planta o al fruto, en una suerte de polisemia regular como la observada en los dendrónimos, donde los nombres de los árboles sirven para designar también su madera:

  • «Yten una alcoba con sus postes de algarrobo y entablada, en treynta pessos» (CorLexIn).

2.1. El vocabulario del maíz: los nombres del carozo

El estudio de las denominaciones del maíz cuenta con una amplia tradición en la dialectología hispánica, que describe en la abundante bibliografía y cartografía de los atlas un buen número de sinónimos que se reparten el territorio peninsular a occidente y oriente, con una variedad denominativa que contrasta con la uniformidad —aparente— en América (Carriazo 2025). En realidad, los nombres del fruto o espiga y sus partes presentan mucha más diversidad a uno y otro lado del Atlántico (Carriazo y Almansa en prensa). Si comparamos, por ejemplo, los que recibe ‘el corazón que queda al desgranar la mazorca’ en el mapa «El Campo – cultivo y otros vegetales / TUSA, CAROZO: tusa, maretira, palo de mazorca» (ALEC I) con los recogidos en ALEA (I, lámina 103, mapa 107) o en ALECant (I, mapa 198, lámina 100), no encontramos ni una sola coincidencia entre América, Cantabria o Andalucía.Mapa carozo, tusa

https://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

1. f. Mx, Gu, Ho, ES, Ni, CR, Pa; Co:C, p.u. Conjunto de hojas que envuelven la mazorca del maíz. (tuza).

2. Pa, Cu, RD, Co, Ve, Ec, Pe:N; Bo:E, pop. Corazón o raspa de la mazorca de maíz después de desgranada.

  • Desde el segundo tomo de Autoridades (1729), la Academia define:

CAROZO. s. m. La telilla en que están metidos y encerrados los granos en la granada, la qual tira a pajíza. Es voz usada en Extremadúra. Y en Asturias llaman assí a la armadúra de la mazorca del maíz. Latín. Ciccum, i. Dissepimentum, i.

‘hueso de fruta’, salm., extrem., rioplat., ‘fruto de una clase de palmera, encerrado en una corteza muy dura’, ecuat., col., venez., centroamer., antill., ‘centro o medula de la panoja del maíz’ ast. occid., gall., del lat. vg. carŭdium y éste del gr. καρύδιον ‘avellana’, ‘nuez pequeña’, diminutivo de κάρυον ‘nuez’, ‘almendra’.

Tusa1 N
f. Carozo, 1.a acep. || Amér. Pajilla.

Tusa2 N
f. fam. Perra, 1.a acep. Ú. como interj. para llamarlas ó espantarlas.

2.2. Las legumbres y sus partes: cáscara ‘vaina seca’

Los nombres de las leguminosas constituyen un campo semántico acotado en cuanto a los fitónimos que designan las especies cultivadas con especial interés culinario: algarroba, almorta, arveja, frijol, garbanzo, guisante y lenteja comparten una misma polisemia regular con los nombres de los cereales (avena, centeno, maíz, trigo), la que va del nombre de la planta cultivada —contable y concreto— al de los frutos (espigas o vainas), los granos y sus preparaciones gastronómicas (cremas, harinas), igualmente concretos pero sin estructura interna ni definitud y, por tanto, susceptibles de ser empleados como sustantivos incontables o de masa:

  • «Primeramente se alló en la dicha arca media anega (tachado: blanca) de aba blanca de la Yndia. Yten, vn celemín de arveja» (CorLexIn).

En el caso de las legumbres, la ingesta en forma de guisos a partir de los frutos y granos, que se recogen maduros y se separan una vez secados o curados, convive con la preparación de las vainas inmaduras sin desgranar. Así se consumen, prototípicamente, las alubias, las arvejas, los frijoles, los garbanzos y las lentejas, mientras que guisantes, habichuelas y judías suelen tanto procesarse en granos secos sin envoltorio como consumirse en forma de fruto inmaduro: judías o vainas verdes. El marco semántico de uno y otro modo de procesamiento y consumo sugiere distintas acciones que resultan en diferentes productos con prototipos distintos: frente a la preparación del fruto sin madurar, que no precisa más que el cocinado tras la cosecha, el procesamiento de los granos secos para su conservación requiere la recogida del fruto maduro, su curación y secado, la separación de vaina y granos, el almacén de estos y el uso de aquellas para distintos fines, como cama para el ganado vacuno o alimento para el porcino (Carriazo 2024). Los atlas lingüísticos y dialectales contienen información detallada y relevante sobre estos procesos, productos y acciones (Carriazo 2023).

Uno de los merónimos con mayor cantidad de sinónimos es la denominación de la vaina seca, mientras que los granos presentan una menor variación, aunque no faltan los geosinónimos tampoco en los nombres del producto prototípico. No obstante, dado que el foco dentro del marco del secado se centra en las semillas, los nombres de las vainas secas presentan características parecidas a los de las partes de la mazorca: farfolla, barbas y carozo se destinan a usos muy variados, pero siempre supeditados a la separación del grano maduro y su destino alimenticio. El ALEC (I, El Campo – cultivo y otros vegetales / VAINA SECA) registra 23 nombres: guasca, calceta, majagua, gancho, cepa, cascarón (NE de Santander, César, Casanare, Nariño), cáscara (Tolima, Huila), lata, cabuya, bejuco, cincho, papelón, atadero, bambul, choya, chumbe, concha, hoja, látigo, mástil, vástago, vástamo y zuncho; frente a solo 9 variantes para designar los frijoles: fríjol(es), frisol(es), frísol, frijoles, bríjol, brijol, brisol, cháncharos y fréjol. ALEC: vaina seca.

https://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

El ALECant (I, mapa 204, lámina 103 / Vaina seca) compila también un buen número de nombres, aunque solo uno de los colombianos se repite en la zona central-occidental de Cantabria: cáscara y cascarita, además de cacharitas y cacharitos que recogió Penny (1969, p. 240). También en el ALECMan (mapa 227 – ALMORTA) se documentan variantes de cáscara y derivados, como cascarilla, cascarita o cascarón, junto a otras formas como camisa, casulla, funda o vaina.

La coincidencia entre ALECMan y ALEC en cascarón resulta solo aparente, pues esta forma se reserva para la vaina de la almorta en To202, mientras para la de la judía se prefiere vaina. El paralelismo, con todo, es significativo, pues tanto cáscara y sus derivados como camisa, casulla, funda y vaina sirven para designar envoltorios.

Ya Nebrija (1495) distinguía tres sentidos para el castellano cáscara: la del huevo, las mondas en general y la de la granada en particular.

El DECH (s. v. cáscara) nos informa de que se trata de un derivado de cascar: «porque hay que cascarla para comer el contenido»; la primera acepción del DLE (s. v. cáscara) incluye el sentido de vaina seca de las legumbres como «cubierta exterior de los huevos, de varias frutas y de otras cosas».

2.3. La cría de la vaca: becerro y ternero

Inés Fernández-Ordoñez (2016) dedicó un texto muy iluminador a los nombres de la cría de la vaca. Allí se da cuenta de la competencia entre becerro y ternero en la historia y las hablas rurales de la península ibérica a partir de los datos del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI), que muestran la mayor extensión del español becerro y el portugués bezerro «con un área compacta en el occidente y sur peninsular» (p. 785), mientras que «la consolidación de ternero es sobre todo característica de la mitad norte peninsular» (p. 788). El ALEC (II, Ganadería / TERNERO) consigna: ternero, becerro, borrego, cría, criecito, chivo, maute.

ALEC: TERNEROhttps://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

El ALEA (II, lámina 445, mapa 466 / becerro) muestra un dominio casi general de becerro y solo algunos puntos en el extremo nororiental (cerca del límite entre Granada, Jaén, Murcia y Albacete) y occidental de ternero: en las provincias de Cádiz y Huelva, donde se registraron ambas formas. Fernández-Ordóñez (2016b: 789, mapa 3) señala tres áreas aisladas de ternero en las provincias de Almería, Granada y Cádiz. También en el ALECant (I, mapa 414, lámina 208 / Ternero) se registran ambas junto a otras, como vello y jato (cfr. Fernández-Ordóñez 2016: 790-796, mapas 4, 5 y 7; así como Penny 1969: 251, que registró becerro, choto, jato y vello entre los pasiegos).

  • El DLE (s. v. ternero, ra) distingue dos sentidos relacionados: «m. y f. Cría de la vaca con menos de un año» y «f. Carne de ternero», con un sinónimo común (choto) y dos más en la primera acepción: becerro y novillo. Sin embargo, en becerro hay una acepción principal («m. y f. Cría de la vaca hasta que cumple uno o dos años o poco más»), otra especializada («m. y f. Taurom. Res vacuna que tiene uno o dos años y no ha cumplido tres») y tres más derivadas, pero sin rastro de que se emplee convencionalmente el término para designar la carne del animal sacrificado.
  • El Damer de la ASALE (s. v. maute) incluye una sola acepción marcada para la única denominación colombiana ajena al vocabulario rural europeo: «Ve. Becerro al que no se le han puesto herraduras»; los datos del CDH confirman la indicialidad y especificidad de esta unidad léxica: zona Caribe continental, freq. 21, fnorm. 1.50; país Venezuela, freq. 21, fnorm. 3.19, que además no aparece en el DLE ni en CORPES XXI.

2.4. Los nombres del calostro

El ALEC (II, Ganadería / CALOSTRO) recoge: calostra, calostro, calostros, calostre, recentina (Córdoba, Sucre, Bolívar, La Guajira), calostres, la primera, mantequilla, requesón. ALEC: calostro

https://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

El ALEANR (VIII, 1087) para el sentido ‘primera leche de la madre, que pone amarillo al niño’ registra calostro(s) como forma casi general, con la variante caliostro al oriente, mientras que para ‘calostros de las mujeres’. El ALECant (I, mapa 472, lámina 237 / Calostros) documenta el plural calostros como término «casi universal […], pues las únicas excepciones transcritas son: correones (S 308), hochobo (S 105), leche lechoso (S 312), =  reciente (S 309), recental (S 307)»; para los calostros del ganado, además de calostrada, calostriza, calostrizo, calostro, correones, hechobo, hochobo, leche calostriza, leche recental, leche reciente, lechoso, ochobo, recental y reciente en la zona sur-occidental, el término general es también calostros por toda la costa y el occidente, con una isoglosa muy marcada que sigue los puntos S 101, 104, 106, 301, 404 y 406; al norte y occidente de esa línea, todos los puntos coinciden con estos en su respuesta: calostro(s).

En este caso se presentan varias coincidencias relevantes en torno a calostro(s) y sus variantes: calostra y calostre(s), a las que añadimos los derivados calostrada, calostriza y calostrizo, ya que todos comparten la raíz calostr. El DLE (s. v. calostro) recopila una única acepción: «m. Primera leche que da la hembra después de parida. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.», con etimología latina que confirman el DECH, Nebrija y Alonso de Palencia. Además, también coinciden en sus raíces la americana recentina (Córdoba, Sucre, Bolívar, La Guajira) y las cántabras recental y reciente; la primera se registra en el Damer (s. v. recentina) con estas dos acepciones relacionadas:

1. adj. Cu; PR, rur. Referido a vaca, recién parida.

2. f. PR. Leche de los primeros días de parida una vaca. rur.

2.5. Ganadería: dar sal, echar sal…

El ALEC (II, Ganadería / DAR SAL AL GANADO) registra: salar, saliniar, dar sal, echar sal, poner sal, aguasaliar, cuidar, ensalar, ensalitrar, llevar sal y pasar sal.

ALEC: dar sal al ganado

https://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

El ALECant (I, mapa 447, lámina 225 / Echar sal al ganado) documenta dar, echar, poner [tener, tirar, dar minerales] y ALEA (II, lámina 476, mapa 499 / Echar sal al ganado) explica: «El término más frecuente es echar. Dar aparece en […]. Se han recogido también salihtrá (Se 101), achicar (Gr 300), rocial (Gr 602)». En este caso las coincidencias son abundantes: dar, echar, poner y ensalitrar/salihtrá; dar y echar se documentan a ambos lados del Atlántico y tanto en el sur como en el norte de la península ibérica, mientras que poner aparece al norte de España y en América, ensalitrar/salihtrá al sur de los territorios europeos y en Colombia. Sin embargo, resulta difícil establecer qué término es el panhispánico y general; además, ninguno de los verbos (salar, saliniar, aguasaliar, cuidar, ensalar, ensalitrar, achicar, rociar, salitrar) cuenta con la que analizamos entre sus acepciones recogidas en los diccionarios.

Para los predicados con verbo soporte y el sustantivo sal, también recurrimos a los corpus textuales. En CORPES XXI, sal aparece en un intervalo de cuatro posiciones a la derecha de dar en 27 documentos (FN: 0,06 por millón), con echar en 40 (FN: 0,09 por millón), con poner en 65 documentos (FN: 0,36 por millón), mientras que con llevar se registra en dieciséis (FN: 0,03 por millón), con pasar solo en siete (FN: 0,01 por millón), con tirar en dos (FN: 0 por millón) y con tener en 58 (FN: 0,13 por millón).

Las coapariciones del sustantivo sal en el CDH arrojan algo de luz, ya que echar aparece en primer lugar entre los verbos ordenados por frecuencia descendiente (f.=769), dar en 17.ª posición (f.=16) y poner en la 21.ª (f.=13). Al tiempo, entre los sustantivos que se asocian con sal, ganado ocupa el primer lugar en Log-likelihood simple (LL SIMPLE=288.23), alcanza un T-score de 6.78 y aparece en 46 concordancias, de las que presento un par:

  • «Las salegas, que son las lossas adonde los pastores dan sal a los ganados, las toman todas las reses de pelo desde Mayo hasta fin de Agosto» (c1580-1600 BARAHONA DE SOTO, LUIS, Diálogos de la montería [España] [Julián Zarco Cuevas, Madrid, Duque de Almazán, 1935])
  • «Ya voy a dar sal ondel ganadito…» (1939 ALEGRÍA, CIRO, Los perros hambrientos [Perú] [Carlos Villanes, Madrid, Cátedra, 1996])

3. Algunos ejemplos más, conclusiones y un pero

Labov (1994/1996: 828-830) desarrolló el concepto de polaridades abstractas para los condicionantes que pueden adoptar la misma forma en distintas comunidades muy distantes. Estas polaridades abstractas se denominan cultural factors en Labov (2010): «distinguished from other social factors in their generality and remoteness from simple acts of face-to-face communication» (Labov 2010: 3). Por su parte, la dialectología, la geolingüística y, sobre todo, los mapas de los atlas afrontan el debate sobre continuidad y discontinuidad tratando «with lexical isoglosses, lexical incidence, or unconnected phonetic variables, where the distinction between transmission and diffusion may not be so clear» (Labov 2010: 309). La transmisión (de unas generaciones a otras) y la difusión (de unas comunidades a otras) de las unidades léxicas (significantes distintos para el mismo significado), así como la reorganización del vernáculo, serían las causas socio-antropológicas y etnohistóricas de las continuidades y las discontinuidades en las sucesivas generaciones y las distintas comunidades de hablantes que usan unos u otros significantes con el mismo sentido.

Los datos geolectales de los atlas etnográficos y los datos sociolingüísticos del resto podrían, así, servir para engrosar el tesauro o «diccionario inverso, el onomasiológico, [que] no existe todavía para el español de América y es mucho más arriesgado porque requiere una compilación puesta al día de las respuestas a encuestas hechas en todas las áreas de Hispanoamérica. Los atlas lingüísticos participan del conocimiento preciso y detallado de las variedades en el léxico, ademas de dar informaciones provechosas en otros campos de la lengua» (Pottier-Navarro 1992: 312). Estas apreciaciones de Huguette Pottier-Navarro, como punto de partida, y algunas definiciones y ejemplos de Soledad Chávez Fajardo (2023, 2021a, 2021b y 2021c), junto a un par de citas de Concolorcorvo, nos servirán para concluir esta comunicación.

  • «Los caballos de su uso todos son corpulentos y capones, y hay sujeto que tiene cincuenta para su silla, y a correspondencia toda su familia, que tienen en tropillas de a 13 y 14, con una yegua que llaman madrina, de que jamás se apartan. Esto propio sucede, con corta diferencia, en todas las campañas de Buenos Aires» (texto tomado de CDH, véanse Chávez Fajardo, 2021c: 266-267 y las voces madrina y tropa, entre muchas otras, en ALEC: mapa Ganadería / MULADA, hato de ganado mular).

ALEC: MULADA, hato de ganado mular

https://alec.caroycuervo.gov.co/alec/views/galleryALEC.php

  • «El visitador me dijo que los indios habían cooperado mucho a la corrupción de sus voces, y para esto me sacó el ejemplo del maíz, que pidiendo unos soldados de Cortés forrajes para sus caballos, y viendo los indios que aquellos prodigiosos animales apetecían la yerba verde, recogieron cantidad de puntas de las plantas que hoy llamamos maíz, y otros trigo de la tierra, y al tiempo de entregar sus hacecillos dijeron: Mahi, señor, que significa: «toma, señor», de que infirieron los españoles que nombraban aquella planta y a su fruto maíz, y mientras no se hizo la cosecha, pedían siempre los soldados maíz para sus caballos, porque lo comían con gusto y vieron sus buenos efectos, y en lo subcesivo continuaron los mismos indios llamando maíz al fruto, ya en mazorca o ya desgranado, por lo que les pareció que aquél era su verdadero nombre en castellano» (Carrió de La Vandera 1985 [1775 o 1776; Gijón, 1773]: 143, texto tomado de CDH).

En conclusión, explicar la extensión y uniformidad de los cambios léxicos y fonéticos mediante una historia cultural que es, al menos en parte, independiente de la interacción cara a cara (Geeraerts, Grondelaers & Bakema 1994) es una tarea que compete a la lexicografía histórica (Geeraerts 2006). Recuérdese Carriazo 2013.

En palabras de Chávez Fajardo (2023: 179; 2022): «el concepto se debe trabajar desde la lexicología histórica, por medio de una metodología para determinar lo que se entiende por americanismo léxico. La metodología implica hacer un rastreo filológico con obras dialectológicas, lexicológicas y lexicográficas de todo el continuum español, así como corpus y afines. Por ejemplo, un grupo no menor de voces consideradas “americanismos” pueden ser, además, voces usuales en ciertas zonas peninsulares. En efecto: este es el otro punto en cuestionamiento, pues muchas veces se funde el español ejemplar con el español hablado en España, siendo que muchas zonas españolas también sufren una suerte de marginación o silenciamiento en los diccionarios oficiales de la lengua (sobre todo, y fuera de los publicados por la RAE, en el DUE, el DEA o el CLAVE, entre otros)».

De hecho, «a partir de una ejemplaridad [¿gramatización?], las variantes que no quepan en esta, sean estas españolas o no españolas, pasarán a formar parte del grupo en donde quepa la nominación arcaísmo. En otras palabras, lo que se genera en estos casos es y citando a Ramírez Luengo (2014: 4) una extensión léxica. Una extensión léxica es la distribución geográfica de una voz, distribución que puede ser de expansión (es decir, que la voz se generaliza) o de reducción (es decir, que la voz se dialectaliza)» (Chávez Fajardo 2021c: 259).

Pero introducir la gramatización o ejemplaridad nos obliga a:

  • investigar las nociones de prestigio, manifiesto o encubierto, indicialidad y las connotaciones etnolingüísticas, sociales y culturales, de las unidades léxicas, por lo que la descripción etnohistórica debe completarse con la sociolingüística en una combinación de antropología social y cultural,
  • tener en cuenta la literatura en el caso de madrina y maíz con ejemplos como los de Concolorcorvo, carozo y tusa/tuza, ternero/becerro, calostro, dar y echar sal al ganado o amachinar(se), «americanismo de amplio espectro, a tal punto que se testimonia en otras diatopías, como Canarias y, como hápax o anomalía (queda por hacer ese estudio en particular) en Cantabria» (Chávez Fajardo 2021b: 112). García Lomas (1966[1999]: 160) la trae como sinónimo de amielgarse, derivado de mielgo ‘mellizo’: «Voz castellana de poco uso, en esta acepción, fuera de la Montaña. ¡Dijérase, de no ser por la manifiesta diferencia de edad, que eran mielgos los siete! (Panojas, José D. de Quijano)» (s. v. mielgos, p. 435).

Este trabajo se inserta en los resultados de los proyectos Corpus de los Atlas Lingüísticos (CORPAT) (<http://corpat.es/>), coordinado por la profesora Carolina Julià Luna, Departamento de Lengua española y Lingüística general (UNED) y Grup de Lexicografia i Diacronia (UAB) – 2017SGR-1251, y CORPAT: lengua oral y cambio lingüístico en los atlas españoles» (CORPAT – LOCALEs) (PID2022-136628NB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033 / FEDER, UE.

Referencias bibliográficas

Almansa Ibáñez, Soraya, y Carriazo Ruiz, José Ramón (en prensa). Americanismos incontables y arabismos colectivos en los atlas lingüísticos: aproximación a la historia de los nombres del maíz y de la mazorca. En Actas del xiii Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Zúrich, julio de 2024.

Carriazo Ruiz, José Ramón (en prensa): Indicialidad, isoglosas léxicas y onomasiología en atlas, corpus y diccionarios de la lengua española. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2013). ¿Cómo ha salido la dialectología románica del refugio etnográfico (Diego Catalán)?: un modelo etnolingüístico para el estudio del vocabulario riojano del Siglo de Oro. Actas del XXVI Congreso Internacional de Lingüística y de Filología Románicas6, 95-105.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2023). Etnobotánica, atlas y diccionario. En Homo botanicus: lengua, cultura y símbolos del mundo vegetal (p. 87). Peter Lang.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2024). Geosinonimia, polisemia regular, metáfora y metonimia en algunos nombres de legumbres cultivadas: lenteja y lupino frente a alubia, frijol, habichuela, judía y arveja, chícharo, guisante, petipuá. En La geoponía en su historia: Aportes filológicos y lexicográficos (pp. 15-50). Peter Lang.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2025). Americanismos léxicos en los atlas lingüísticos y etnográficos regionales. En Geografía lingüística y corpus en las lenguas románicas (pp. 371-402). Walter de Gruyter GmbH. DOI: 10.1515/9783111439181-014.

Chávez Fajardo, Soledad (2022): Diccionarios del fin del mundo. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.

Fernández-Ordóñez, Inés (2016). Los nombres de la cría de la vaca en el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica. En Etimología e historia en el léxico del español (pp. 785-802). Iberoamericana/Vervuert.

Fernández-Ordóñez, Inés (2025). Los nombres populares del cerdo en las lenguas iberorrománicas. En Geografía lingüística y corpus en las lenguas románicas (pp. 267-312). Walter de Gruyter GmbH.

García Mouton, Pilar (1992). Sobre geografía lingüística del español de América. Revista de Filología Española72(3/4), 699–714. https://doi.org/10.3989/rfe.1992.v72.i3/4.590

Geeraerts, Dirk (1997). Diachronic prototype semantics: a contribution to historical lexicology. Clarendon Press.

Geeraerts, Dirk (2005). Lectal variation and empirical data in Cognitive Linguistics. En Cognitive linguistics. Internal Dynamics and Interdisciplinary Interaction (pp. 225-244). Mouton/De Gruyter.

Geeraerts, Dirk (2006). Words and Other Wonders. Papers on Lexical and Semantic Topics. Mouton de Gruyter.

Geeraerts, Dirk, Stefan Grondelaers & Peter Bakema (1994). The structure of lexical variation: meaning, naming and context. Mouton de Gruyter.

González-Zapatero Redondo, Blanca (2016). Estudio comparativo de las formas verbales sintéticas y analíticas de algunos predicados de emisión, comunicación y llamada desde una perspectiva diacrónica a propósito del verbo gritar. Tesis doctoral disponible en: https://e-archivo.uc3m.es/entities/publication/75ec1f19-455f-4d60-b907-c22c8ff09359.

Grzega, Joachim (2014). Lexical-Semantic Variables. En The Handbook of Historical Sociolinguistics (pp. 271-292). Wiley Blackwell.

Hernández-Campoy, Juan M. y Conde-Silvestre, J. Camilo (2014). The Handbook of Historical Sociolinguistics. Wiley Blackwell.

Labov, William (1995-2010). Principles of linguistic change. Wiley-Blackwell.

Labov, William (1994[1996]). Principios del cambio lingüístico. Gredos.

Lope Blanch, Juan M. (1991): El Atlas Lingüístico de México. LEA: Lingüística Española Actual 13/2, 153-172.

Moreno Fernández, Francisco (2012). Sociolingüística cognitiva: proposiciones, escolios y debates. Iberoamericana / Vervuert.

Moreno Moreno, Águeda (2024). La etnolexicografía. Los discursos del ethnos en los modos lexicográficos. Tirant Humanidades.

Penny, Ralph (1969). El habla pasiega. Ensayo de una dialectología montañesa. Tamesis Books Limited.

Penny, Ralph (2000). Variation and change in Spanish. Cambridge University Press.

ATLAS

CORPAT = Julià Luna, Carolina (dir.) (2019-): Corpus de los atlas lingüísticos, en línea: http://corpat.es [fecha de consulta: 17.2.2026].

ALEC = Instituto Caro y Cuervo: Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia, en línea: https://alec.caroycuervo.gov.co/ [fecha de consulta: 17.2.2026].

CORPUS

CDH = Real Academia Española (2013): Corpus del Diccionario histórico de la lengua española (CDH), en línea: <https://apps.rae.es/CNDHE> [fecha de consulta: 17.2.2026].

CEMC = Corpus del Español Mexicano Contemporáneo (CEMC), en línea: <http://www.corpus.unam.mx/cemc>, software AMATE ver. 1.0, [fecha de consulta: 27.5.2026].

CorLexIn = Morala Rodríguez, José R. (dir.), Corpus Léxico de Inventarios (CorLexIn), en línea: <http://web.frl.es/CORLEXIN.html> [fecha de consulta: 17.2.2026].

CORPES XXI = Real Academia Española: Banco de datos (CORPES XXI) [en línea]. Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES). <http://www.rae.es> [fecha de consulta: 17.2.2026].

DICCIONARIOS

DECH = Corominas, Joan, & Pascual, José Antonio (1991): Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (DECH), en línea: https://bibliamedieval.es/bibliateca.es/corominas/corominas.html [fecha de consulta: 17.2.2026].

DEM = Diccionario del Español de México (DEM) , en línea: <http://dem.colmex.mx>, El Colegio de México, A.C., [fecha de consulta: 27.5.2026].

Damer = Asociación de Academias de la Lengua Española (2010): Diccionario de americanismos, en línea: https://www.asale.org/damer/ [fecha de consulta: 17.2.2026].

DLE = Real Academia Española – Asociación de Academias de la Lengua Española (2014-2025): Diccionario de la lengua española, en línea: https://dle.rae.es/ [fecha de consulta: 17.2.2026].

e-DRAE 1884 = Gloria Clavería, Margarita Freixas, Natalia Terrón, Joan Torruella; Tomàs Pont (2025): e-DRAE 1884, en línea: https://edrae1884.uab.cat/edicion/ [fecha de consulta: 17.2.2026].

Iedra = Gabriel Rodríguez Alberich (2025): Iedra – Buscador de palabras, en línea: https://iedra.es/ [fecha de consulta: 17.2.2026].

Nuevo Tesoro Lexicográfico (NTLLE) = Real Academia Española: Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (NTLLE), en línea: https://apps2.rae.es/ntlle/SrvltGUISalirNtlle [fecha de consulta: 17.2.2026].

Bibliografía adicional con glosas y citas

Carrió de La Vandera, Alonso (1985 [1775 o 1776; Gijón, 1773]): El Lazarillo de ciegos caminantes. Editado junto al Plan de Gobierno del Perú y el «Extracto del viaje que hizo la fragata el Tucuman, Correo de S. M., desde la Bahía de La Coruña hasta el puerto de Montevideo», por Antonio Lorente Medina. Biblioteca Ayacucho.

  • «Los caballos de su uso todos son corpulentos y capones, y hay sujeto que tiene cincuenta para su silla, y a correspondencia toda su familia, que tienen en tropillas de a 13 y 14, con una yegua que llaman madrina, de que jamás se apartan. Esto propio sucede, con corta diferencia, en todas las campañas de Buenos Aires» (texto tomado de CDH, véanse Chávez Fajardo, 2021c: 266-267 y en ALEC, mapa Ganadería / MULADA, hato de ganado mular), las voces madrina y tropa, entre muchas otras).
  • «El visitador me dijo que los indios habían cooperado mucho a la corrupción de sus voces, y para esto me sacó el ejemplo del maíz, que pidiendo unos soldados de Cortés forrajes para sus caballos, y viendo los indios que aquellos prodigiosos animales apetecían la yerba verde, recogieron cantidad de puntas de las plantas que hoy llamamos maíz, y otros trigo de la tierra, y al tiempo de entregar sus hacecillos dijeron: Mahi, señor, que significa: «toma, señor», de que infirieron los españoles que nombraban aquella planta y a su fruto maíz, y mientras no se hizo la cosecha, pedían siempre los soldados maíz para sus caballos, porque lo comían con gusto y vieron sus buenos efectos, y en lo subcesivo continuaron los mismos indios llamando maíz al fruto, ya en mazorca o ya desgranado, por lo que les pareció que aquél era su verdadero nombre en castellano» (Carrió de La Vandera, 1985 [1775 o 1776; Gijón, 1773]: 143, texto tomado de CDH).
  • Está muy buena la crítica, dijo el visitador, pero me advirtió que en tiempo de sus monarcas y caciques estaban de peor condición los indios, porque aquellos príncipes y señores los tenían reducidos a una servidumbre de mucha fatiga, porque labraban las tierras para su escaso alimento a fuerza de sus brazos, y no conocían otras carnes que las de las llamas, vicuñas y alpacas, de cuya lana tejían su vestido. Los españoles sólo quitaron a estos miserables, o a lo menos disminuyeron, sus abominaciones, e introdujeron el útil uso del vacuno, caballar y mular, de las ovejas, herramientas para la labor de los campos y minas, con redes y anzuelos para aprovecharse de la producción y regalo de los ríos y playas del mar, con otra infinidad de artificios e instrumentos para trabajar con menos molestia. (163, texto tomado de CDH)
  • La banda de Chuquisaca tiene algunas casas muy dispersas, cubiertas de teja, con alguna extensión de territorio, con similitud a las solariegas de la Cantabria.
  • Los alcaldes y regidores que deben presidir las sementeras y demás beneficios de las tierras, no permitirán a los agricultores que maltraten el vacuno sacándole de su natural paso, aunque los bueyes, novillos o vacas, al uso de la Cantabria, sean alquilados: antes sí los ayudarán con todas sus fuerzas, remudándose para que se profunden lo posible los surcos y gocen las semillas bien la sustancia de la tierra. Los antiquísimos españoles nos dejaron este apreciable proverbio: Áralo bien y fondo y cogerás fruto abondo. Acabo de decir que en la Cantabria aran con vacas a falta de bueyes o novillos, pero la piedad de algunos labradores deja de ordeñarlas cuando están en este rudo trabajo y de arrastrar la carreta. En Castilla aran con mulas, y la viveza de estos animales no profundando mucho la tierra al primero y segundo surco, está en la precisión de dar hasta cuarta reja todos aquellos que no son ignorantes en la agricultura. En otras partes trabajan con yeguas, en otras con mulos, que es una especie de burros corpulentos de mucho servicio para la carga, hasta en viajes dilatados.
  • Si los naturales tuvieran los precisos instrumentos para labrar los campos sin tanta fatiga, si tuvieran un par de novillos o vacas, dos cochinos de ceba; y sus mujeres un buen corral de gallinas, etc., jamás pensarían los naturales en sublevarse, como sucede con los pobres labradores de la Cantabria y Asturias, defensores acérrimos de sus hogares, que no moverán de ellos las mejores y más halagüeñas esperanzas de mejorar el territorio.

Chávez Fajardo, Soledad (2023): De americanismos, de -ismos: definir un concepto. Boletín de la Sociedad Española de Historiografía Lingüística 17, 159-193.

  • «…la poca claridad respecto al americanismo léxico derivó, entre otras cosas, en que se entendieran por americanismos los indigenismos (una de las acepciones que trabajará hasta el día de hoy la RAE), dejando a las transiciones semánticas y neologismos acuñados en el continente americano en otro grupo léxico, las más veces censurado» (166).
  • «José Pedro Rona (1962) afirmaba que la errada idea de la “homogeneidad” del español hablado en América se debía a que lo observado era desde “un nivel cultural elevado o semielevado” y nunca “desde un nivel cultural bajo” (215)» (167).
  • «Rabanales 1953, quien abogó por tratar de americanismo (u otra diferencia diatópica) a una voz, por más que esta se haya originado en otra zona (poligénesis). Frente a una posible crítica respecto a esta postura, por ejemplo, alguna observación que sostuviera el pecado positivista de atribuir a las palabras un lugar en el espacio, Rabanales recurrió a Vossler, quien sostenía que “las formas lingüísticas tienen morada en el pensamiento y en las ocasiones y ocurrencias ideales, en la intuición, en la memoria y en el gusto de los que hablan, no en sus casas, tierras y ciudades” (Vossler 1930, 13), a lo que el lingüista chileno complementó: “como dichas formas adquieren esa fisonomía especial que las hace constituir idiomas, dialectos, jergas, etc., y los que los hablan pertenecen a un determinado país, no es ‘pecado’ decir que aquéllas existen en ese país” (1953, 30). En efecto, es una noción idealista, siguiendo una vez más a Vossler con su emblemática sen-tencia de que “el lenguaje es una creación espiritual” (1929, 44), por lo que el lenguaje tiene su origen y existencia en el hombre y, por extensión, en de-terminado lugar, justamente, donde se desarrolle la vida de quien lo use» (170).
  • «desde la lógica de Rona, para que exista un español americano, hay que determinarlo. Lo relevante, y con ello Rona concluye este debate, es que si no se ha podido encontrar las características determinantes de un español americano, “será tal vez mejor que reflexio-nemos, y que no hablemos más de americanismos” (2017 [1969]: 57), para rematar en su reflexión final: “En su lugar, deberíamos tratar de determinar bien las áreas o zonas dialectales realmente existentes en la América Española” (2017 [1969]: 57)» (172).
  • «Es, pues, el español americano, continuaba Ferreccio: “un terreno henchido de materiales para indagaciones dialectológicas de los más variados órdenes y llenas de significado” (1978, 27)» (173).
  • «Justamente, en 1984 Jesús Bohórquez, en su monografía dedi-cada al americanismo afirmaba que el problema en la manera de fijar el americanismo léxico se resolvía, justamente, por sus varias posibilidades de definición: “según el punto de vista que se quiera destacar en las unidades léxicas del español americano” (1984, 141). Es más, Bohórquez presentó las formas más aceptables de delimitar el concepto, que son las definiciones se-gún el criterio de origen, el de conceptos típicos de Hispanoamérica y el de uso. Añadió, además, otros criterios, como la frecuencia de uso, la extensión geográfica y el número de hablantes que usan determinado vocablo» (173).
  • «Company sigue oponiendo el español de América al español de España, sin to-mar en cuenta el problema dialectal que también afecta a este último país. En efecto, no queda claro a qué se refiere, en rigor, cuando menciona el “español de España”; si es este el hecho arquitectural todo o si hace mención a una variedad diatópica específica de este “español”» (177) y «la arquitectura de la lengua, a la que aludo en referencia a Company, esta se traduce en “la cuádruple perspectiva del lenguaje” o “las cuatro coordenadas del lenguaje”, que son el espacio, tiempo y el nivel sociolingüístico (sociocultural lo llama Coseriu) y el estilo (Polo 1992: 201). Es lo que se ha entendido posteriormente como lingüística de la varia-ción o de las variedades (en donde caben, a partir de las coordenadas del lenguaje, la sociolingüís-tica, la estilística y la dialectología), trabajada por Coseriu (sobre todo en su Sincronía, diacronía e historia de 1957)» (178, nota 11).
  • «José Luis Ramírez Luengo (2012), desde la lexicología, la cual comparto. Para el autor, el americanismo es un concepto eminentemente dinámico y flexible “que se caracteriza por irse modificando con el paso del tiempo y, por tanto, por no englobar en todos los momentos históricos el mismo inventario de unidades léxicas” (2012, 398). […] muchas veces, desde un punto de vista diacrónico, el hecho de que a una voz pueda adjudicársele la etiqueta de americanismo (o el -ismo correspondiente a alguna zona diferencial hispanoamericana) tendrá que ver, las más veces, con dinámicas de restricción y/o extensión de uso en variedades del español europeo o de americanización y desamericanización (v. Ramírez Luengo 2014 y 2017)» (178).
  • «Ramírez Luengo (2015) propone una taxonomía, fuera de clasificar las voces con un exhaustivo cotejo, para poder llegar a un marco explicativo que pone de manifiesto cada una de las particularidades de los americanismos léxicos desde una perspectiva diacrónica» (179).
  • «(Chávez Fajardo 2022), se afirma que el concepto se debe trabajar desde la lexicología histórica, por medio de una metodología para determinar lo que se entiende por americanismo léxico. La metodología implica hacer un rastreo filológico con obras dialectológicas, lexicológicas y lexicográficas de todo el continuum español, así como corpus y afines. Por ejemplo, un grupo no menor de voces consideradas “americanismos” pueden ser, además, voces usuales en ciertas zonas peninsulares. En efecto: este es el otro punto en cuestionamiento, pues muchas veces se funde el español ejemplar con el español hablado en España, siendo que muchas zonas españolas también sufren una suerte de marginación o silenciamiento en los diccionarios oficiales de la lengua (sobre todo, y fuera de los publicados por la RAE, en el DUE, el DEA o el CLAVE, entre otros)» (179).
  • «Las conclusiones en este rastreo conceptual tienen que ver con la restricción en el tratamiento a la sincronicidad en el léxico y a una especificidad que implica un uso privativo y genético, sobre todo, para pasar a entender el concepto desde la semántica, la dialectología y, por último, a constatar la relevancia de la caracterización, la densidad en la frecuencia y aceptar la flexibilidad en su uso» (181).

Chávez Fajardo, Soledad (2021a): Americanismos, americanismo. Radiografía de una polisemia. Chuy: revista de estudios literarios latinoamericanos 8/11 (Ejemplar dedicado a: La lengua americana: literatura, subjetividad, instituciones), 8-36.

  • «Juan José de Arona, en una de sus entregas periodísticas en El Correo del Perú, insistió en que es el momento de “emanciparnos del ya impropio calificativo de provincialismos con que se seguían designando los modismos o idiotismos de pueblos que habían dejado de ser provincias o colonias de España” (citado por Pottier-Navarro 1992: 302). A su vez, en su Diccionario de peruanismos (1882), Arona reclamaba la apropiación de la palabra por los yanquis, así como del gentilicio americano: […] La sinécdoque que se generó en lo relacionado con el léxico y el genitivo del país norteamericano, la resultante en llamar americanismo y americanoa lo referente de una sola nación, como se ve, ya tenía reclamos hispanoamericanos encendidos a finales del XIX. La Real Academia Española, en este contexto, incorporó la palabra con una sola acepción referente a lo lexicológico en su duodécima edición, la de 1884, como “Vocablo o giro propio y privativo de los americanos que hablan lengua española” (cfr. NTLLE)» (13-14).
  • «el colombiano Marcos Fidel Suárez hacía una tipologización del concepto en Los sueños de Luciano Pulgar: “Yo opino que la Academia atendería a seis afluentes, a saber: el americanismo indígena; el americanismo artificial o criollo; el americanismo heredado de España; el antiguo caudal español flotante en la Península; el neologismo exigido por nuevas ideas y objetos; y el uso literario moderno” (TDHLE: s.v. americanismo)» (16).
  • «¿Puede quedarse este sentido literario de americanismo anclado en el carácter genuinamente americano? Claro que sí. En este sema puede caber una generalización que, en los matices que propongo, en estas disquisiciones que hago, quede solo en el carácter genuinamente americano, cual hiperónimo. Sin embargo, siento que hay en esta escritura hispanoamericana una clara consciencia de lo particular y lo propio y en ello se concreta un subsentido que se enquista en lo literario que es necesario destacar» (25) [regionalismo].

Chávez Fajardo, Soledad (2021b): De lexicología histórica o más preámbulos para volver con Corominas y la indianorrománica. En Investigaciones léxicas. Estados, temas y rudimentos. Líneas de investigación del Seminario de Lexicografía Hispánica / coord. por María Águeda Moreno Moreno, Marta Torres Martínez, 103-114.

  • «Sigo con mi homenaje a “Indianorrománica. Estudios de lexicología hispanoamericana”, que son esos tres estudios repartidos a lo largo de la Revista de Filología Hispánica 6 (1944) de Joan Corominas. Estos ensayos estudiaban el léxico hispanoamericano desde la metodología de la lexicología histórica, la romanística y el sustrato hispanoamericano. También se reconocía en estos indianorrománica la relevancia tanto de la poligénesis como de la pervivencia de las variedades del español peninsular en el español americano. Es el de Corominas, por lo tanto, un estudio absolutamente actual» (103).
  • amachinar (como ‘amancebarse’, ‘vivir en concubinato’)
  • «se encuentran algunos estudios emblemáticos que relacionan el español de América y el español provincial de España. Pienso, sobre todo, en Cuervo con sus Apuntaciones, Corominas con su “Indianorrománica” o la Semántica hispanoamericana de Kany, entre otros. Son estos los primeros trabajos que vinieron a vincular las voces extraoficiales, en rigor» (104).
  • «destaco una interesante anomalía diatópica de la que habrá que estudiar más para un trabajo más detallado de la palabra: en El lenguaje popular en la Cantabria montañesa de Adriano García Lomas (1966) hay un amachinar definido como “Reunirse dos personas con gran amistad sin amancebarse”. En sus estudios anteriores esta voz, sin embargo, no aparece» (107).
  • «Quise trabajar con amachinarse por varias razones. Por un lado, por ser un americanismo de amplio espectro, a tal punto que se testimonia en otras diatopías, como Canarias y, como hápax o anomalía (queda por hacer ese estudio en particular) en Cantabria» (112).

Chávez Fajardo, Soledad (2021c): De lexicología histórica o preámbulos para volver con Corominas y la indianorrománica. En San Martín Núñez, A., Rojas Gallardo, D. y Chávez Fajardo, S.: Estudios en homenaje a Alfredo Matus Olivier. Volumen I: Anejo N°3 Boletín de Filología, 253-273Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. Disponible en https://doi.org/10.34720/h2bw-zd94

  • «un número considerable de voces usuales en amplias zonas de Hispanoamérica y/o en algunas zonas de España existieron en otras etapas (época anteclásica, época áurea, antaño en provincias, en un estándar tardomedieval, entre tantos casos) y su uso fue restringiéndose. En este caso, Sala (1982: 287) propone tratarlas como variantes diacrónicas del español peninsular. […] sería bueno revisitar esa denominación y dejarla como variantes diacrónicas del español estandarizado (o algo así). Como sea, ya lo decía Marius Sala y su equipo (1982) y lo seguimos pensando nosotros: “Hasta el presente, los problemas que plantea el estudio de procedencia peninsular regional no han sido suficientemente tratados” (286), aunque esto no quita que siempre haya estado presente en alguno de los estudios emblemáticos relacionados con el español de América (cfr. Cuervo con sus Apuntaciones o Corominas con su “Indianorrománica”, entre otros). Como sea, creemos, el origen de algunas imprecisiones lexicológicas empezó, sobre todo, con el trabajo lexicográfico (y afín) a partir del xix. En estas codificaciones las voces fueron tratadas, las más veces, como provincialismos americanos, porque en los repertorios lexicográficos oficiales (pensamos sobre todo en los académicos) estas voces, muchísimas veces, no aparecían. No es hasta la década del setenta —pienso en la segunda fase del diccionario histórico académico el que, a mi juicio, marca un antes y un después con el trabajo detallado y crítico respecto a este tipo de aspectos—, en que estas imprecisiones empiezan a ser enmendadas» (257).
  • «Es relevante para el debate del concepto en cuestión que en un libro llamado Arcaísmos léxicos del español de América (un clásico, por lo demás) y en un emblemático estudio de dos filólogos españoles acerca del español de América se insista en que un arcaísmo es una unidad léxica usada en Hispanoamérica y que se usa en algunas zonas de España» (258).
  • «En efecto, a partir de una ejemplaridad [¿gramatización?], las variantes que no quepan en esta, sean estas españolas o no españolas, pasarán a formar parte del grupo en donde quepa la nominación arcaísmo. En otras palabras, lo que se genera en estos casos es y citando a Ramírez Luengo (2014: 4) una extensión léxica. Una extensión léxica es la distribución geográfica de una voz, distribución que puede ser de expansión (es decir, que la voz se generaliza) o de reducción (es decir, que la voz se dialectaliza)» (259).
  • «Lo interesante, en este caso, es la escasa referencia que se hace de arveja con el valor de guisante en zonas de España, dentro de la lexicografía general. Más bien se ha insistido en el uso en Hispanoamérica. […] en el ALEA, se hace referencia a una arveja en conjunto con [a] la almorta (Lathyrus sativus), es decir, no hay referencia alguna a una arveja para Pisum sativum. Sin embargo, en el Diccionario Histórico del Español de Canarias encontramos —información relevante y, lamentablemente inexistente en el resto de la tradición lexicográfica europea— que la voz se usa con el valor de guisante en Canarias con documentación que data desde el siglo xv» (263).
  • «3.2. Variantes y polisemia […] retranca» (264-265).
  • «4. VOCES QUE PARECEN DIFERENCIALES. Con amadrinar estamos ante una voz patrimonial cuya frecuencia de uso es baja en la Península, mas nunca al nivel de quedar obsoleta o desusada. […], estaríamos ante una voz general con el “sayo” de diferencial. Habrá que trabajar en su lexicología histórica, que detenerse a posteriori en su diatopía y frecuencia en la actualidad para poder constatar cuál es su realización en general» (266-267).
  • «CONCLUSIONES. Lexicología histórica indiana. Indianorrománica. Así lo pensamos desde un primer momento, celebrando esos estudios de Corominas y lo que queda por hacer con la historia del léxico en donde estas páginas son solo una muestra, un preámbulo; los ejemplos para unos prolegómenos, incluso. Insisto, de todos modos, que esta es una labor necesaria y urgente en los estudios léxico-semánticos del español general» (269).
  • «[…] presentado […] un grupo de voces con cuño usual de americanismos, arcaísmos o galicismos, mas constatamos que no son más que un grupo de voces no ejemplares ni estándar o hegemónicas (respecto a la ejemplaridad, estándar y hegemonía de turno). Es decir, dentro de la cadena variacionista y el sesgo hegemónico, concluimos que algunos conceptos deben revisitarse las más veces (arcaísmo, americanismo o galicismo) y, sobre todo, insistir en la abolición de la dicotomía español de España/español de Hispanoamérica, dicotomía que, en el estudio y cotejo de la voz, sea en textualizaciones o codificaciones, queda desdibujada. A su vez, llamamos a seguir en el estudio del vínculo Hispanoamérica-Canarias, puesto que hay, ya hemos dicho, muchísimo vaso comunicante léxico del que la lexicografía hegemónica, muchas veces, no da cuenta» (270).

Pottier-Navarro, Huguette (1992). El concepto de americanismo léxico. Revista de Filología Española 72(3/4), 297-312. https://doi.org/10.3989/rfe.1992.v72.i3/4.562

  • «Es indispensable insistir en la diferencia evidente de postura entre los diccionarios generales de la lengua española, y los específicos de “americanismos”, y “mexicanismos”, “peruanismos”, “argentinismos”, etc. … sin dejar de lado tampoco el hecho de que el concepto de “americanismo” no se manifiesta únicamente en los diccionarios o vocabularios o glosarios, sino también en obras literarias, técnicas, o en la prensa» (300).
  • «en la segunda edición (1953[Diccionario ilustrado de la lengua española (vox)]), Menéndez Pidal aprecia “la amplitud con que se acogen los neologismos y el acierto en incorporar voces americanas”, y Gili Gaya añade que a pesar de que “los americanismos figuraron aparte, en el apéndice poco extenso” de la primera edición, “el americanismo ha sido incorporado, después de la segunda al diccionario general”, pero evoca el criterio selectivo utilizado para descartar el vulgarismo que perjudica la unidad de la lengua general» (301).
  • [Malaret: Diccionario de americanismos] «Excluye también los vulgarismos, andalucismos, arcaísmos, “las voces que no son producto original del Nuevo Mundo, sino del lenguaje anticuado o corriente de la nación progenitora”» (304).
  • «Habrá que esperar el estudio de Philippe Cahuzac en 1979 para que se tome en cuenta el criterio léxico en la división dialectal de Hispanoamérica. Cahuzac propone cuatro zonas a partir de las abundantes y variadas denominaciones de términos de la vida rural como “campesino”, “tipos de habitación”, “condiciones atmosféricas”, es decir, a partir de un análisis comparado del léxico desde un punto de vista etnolingüistico» (306).
  • «Gútemberg explicita estos tres criterios: consiste el de origen en “todo elemento léxico español de procedencia indígena, o creado por hispanohablantes americanos sobre elementos propios del español general”. El de conceptos típicos de América, el que “designa conceptos, bien sea de cosas o actividades culturales o de objetos exclusivos de América”. Entrarían en este apartado, por ejemplo, los vocablos relativos a fauna y flora, a agricultura y ganadería, etc. … El criterio de uso corresponde a “expresión o vocablo que actualmente es usado en el español de América”, con la distinción de “uso contrastivo” y “no contrastivo” en relación con el español peninsular» (306).
  • «Bien se ve que la preocupación onomasiológica no es tan nueva. Comparto con Günther Haensch la idea de que para “mejor conocimiento del léxico del español de América” el inventario onomasiológico es uno de los aspectos más dignos de consideración. Notemos que fue también la preocupación del ya citado P. Cahuzac» (311).
  • «La multitud de valores semánticos en semasiología se recoge fácilmente en cualquier diccionario de americanismos, o en otras ocasiones, en diccionarios generales, mientras que el diccionario inverso, el onomasiológico, no existe todavía para el español de América y es mucho más arriesgado porque requiere una compilación puesta al día de las respuestas a encuestas hechas en todas las áreas de Hispanoamérica. Los atlas lingüísticos participan del conocimiento preciso y detallado de las variedades en el léxico, ademas de dar informaciones provechosas en otros campos de la lengua» (312).

Americanismos incontables y arabismos colectivos

XIII Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española

Asociación de Historia de la Lengua Española (AHLE)

Universidad de Zúrich, del 1 al 4 de julio de 2024

Americanismos incontables y arabismos colectivos en los atlas lingüísticos españoles: aproximación a la historia de los nombres del maíz y de la mazorca en las variedades rurales peninsulares del siglo XX*

Soraya Almansa – J. R. Carriazo

CORPAT-PEPLES

Comunicación

Sección III. Lexicología, lexicografía y semántica históricas.

Sala: RAA E 27. Lunes 1 de julio de 2024, 16:15-16:45 h

José Ramón Carriazo Ruiz, UNED, carriazo@flog.uned.es

Senda del Rey 7, 703 (28040-Madrid), 91398-8344

 

  1. Introducción

En esta comunicación presentaremos la historia de los nombres del maíz, sustantivos incontables o de masa generalmente, y de la mazorca, holónimo natural, en los atlas etnográficos y lingüísticos confeccionados bajo la dirección de Manuel Alvar en la segunda mitad del siglo pasado. Las designaciones del cereal americano y de su fruto o espiga, plantados en amplias zonas de la península ibérica antes de la realización de las encuestas dialectales del ALPI y de los atlas regionales posteriores, aunque «moderno en Europa» (Alvar 1991[1], García Mouton 1986, Garcés 1989, Orea Alfaro 2000, Torres Montes 2022), muestran una heterogeneidad denominativa que contrasta paradójicamente con su uniformidad en la clasificación semántica de los nombres como sustantivos de masa o continuos y holónimos naturales, respectivamente. Para alcanzar los objetivos propuestos, cotejaremos los mapas y las encuestas correspondientes a los conceptos ‘maíz’ (ALEA: lámina 98, mapa 102; ALEANR: lámina 121, mapa 105; ALECant: lámina 98, mapa 193; [ALCyL: mapa 287]; ALECMAN mapa 222) y ‘mazorca’ (ALEA: lámina 104, mapa 108; ALEICan: lámina 42, mapa 41; ALEANR: lámina 125, mapa 109; ALECant: lámina 98, mapa 193; [ALCyL: mapa 289]; ALECMAN: mapa 225), como representativos de los sustantivos de masa o continuos y holónimos contables. Completaremos la indagación con estudios dialectales (Penny 1969), diccionarios etimológicos (DECH), lexicografía diferencial (García Lomas 1966 [1999], Peña Arce 2023) y corpus textuales (CDH, CORPAT, GEOLEXI), para tratar de datar los cambios semánticos con sus consecuencias (homonimias, polisemias, onomasiologías) y la reasignación de los nuevos referentes a las formas antiguas, el préstamo y la transferencia de significados.

 

  1. Americanismos en los atlas lingüísticos españoles (y arabismos en los diccionarios del español de América). Marco teórico y estado de la cuestión

La reconstrucción histórica de las variedades regionales del español peninsular debe tomar en cuenta las encuestas y atlas dialectales como una fuente de datos geolocalizados complementarios del registro lexicográfico y de los corpus textuales para la investigación en semántica histórica (Dalbera 2006, Meurman-Solin 2014). La presencia en los atlas regionales de lexemas como arveja, chícharo, frijol, jalar, maíz…, descritos en la lexicografía como americanismos, lleva a replantear no solo este concepto, sino toda una serie de categorías lexicológicas como dialectalismo, regionalismo y vulgarismo desde un punto de vista histórico, lexicográfico y sociolingüístico. Junto al concepto de geosinónimo, tal como lo ha planteado en los últimos años la sociolingüística cognitiva (Moreno Fernández 2012, Caravedo 2014), la distinción entre clases de sustantivos contables o incontables –y colectivos u holónimos– ha resultado muy significativa en nuestro conocimiento histórico de la lengua española y de sus variedades (Villar Díaz 2004, Fernández-Ordoñez 2019), pues pone a prueba la arbitrariedad del signo lingüístico desde perspectivas etnolingüísticas y sociocognitivas (Wierzbicka 1985).

 

  1. Metodología: nombres del maíz y de la mazorca en los atlas lingüísticos

En casi todos los atlas encontramos mapas separados para el maíz, la planta o la flor, y para la mazorca, a excepción del ALECant (donde ambos conceptos comparten el mismo mapa y lámina) y del ALEICan, que trae solamente el segundo —mazorca de maíz—; además, casi todos recogen las denominaciones de las partes de esta: barba de la mazorca (ALEA: lámina 100, mapa 104; ALEICan: lámina 44, mapa 43; ALEANR: lámina 123, mapa 107; ALECant: lámina 99, mapa 195; ALECMAN: mapa 221), farfolla u hojas de la mazorca (ALEA: lámina 101, mapa 105; ALEICan: lámina 45, mapa 44; ALEANR: lámina 124, mapa 108; ALECMAN mapa 222), carozo o corazón de la mazorca (ALEA: lámina 103, mapa 107; ALEICan: lámina 47, mapa 46; ALEANR: lámina 127, mapa 11; ALECant: lámina 100, mapa 198; ALECMAN: mapa 225), así como otros conceptos y actividades relacionadas con el cultivo y el consumo del maíz: flor del maíz, mazorca desmedrada, deshojar la mazorca, haz en forma de cogollo de puntas del tallo del maíz, caña del maíz sin mazorca empleada para alimentar al ganado y sitio para guardar el maíz (Lingüístico-Etnográfico) en el ALECant, por ejemplo. Finalmente, no hemos incluido en este estudio el ALCyL, aunque lo hemos compensado con otras fuentes de datos geolectales, como el ALECMAN. Listamos a continuación los nombres recogidos en cada uno de los atlas utilizados en esta primera aproximación para el maíz (la planta, el fruto y el grano o semilla) y la mazorca (el fruto maduro compuesto por hojas o farfolla, un corazón duro o carozo, las barbas y los granos o semillas).

2.1. Los nombres del maíz

Resulta muy significativo que, en varios atlas se documenten en el mismo mapa que los nombres de la planta y semilla o grano, denominaciones correspondientes a otros conceptos como mazorca (ALECant) o avena, cebada y centeno (ALEANR). La forma maíz se extiende desde Cantabria hasta Andalucía, La Rioja y Navarra, mientras que panizo es forma aragonesa, presente asimismo en Andalucía, Cantabria —además de pajín, pajón y panojo (-a)— y Castilla-La Mancha —junto a adaza (CU 206, 405, 406, 407, 408, 409), araza (CU 405), copa, corona, escobilla, espiga, espigón, flor, flores o flor del trigo maíz (GU 111), mazorca (CR 102, 103, 510), palomicas (GU 318) y panoza (GU 112). Veamos la distribución en los territorios cartografiados.

En el ALEA (lámina 98, mapa 102), encontramos maíz y panizo con distintas variantes fonéticas que no vamos a repasar aquí (cfr. Alvar 1991 [1966], García Mouton 1986).

En el ALEANR (lámina 121, mapa 105), se registra maíz en La Rioja y Navarra, frente a panizo por todo Aragón, con algunos puntos de milloca en el norte de Huesca y araza/adaza en el sur de Teruel (cfr. García Mouton 1986: 125-126, 128; Garcés 1989: 101, 107).

En el ALECant (lámina 98, mapa 193: planta de maíz), junto a maíz aparecen planta de maíz y maíz forrajero, más los nombres pajín, pajón, panizo y panojo (-a), sin un aparente patrón de distribución en el territorio cartografiado. Tanto Penny (1969) como Peña Arce (2023) recogen borona para nombrar la planta, el grano y la harina de maíz entre los pasiegos, si bien el profesor británico señala que el cultivo se había abandonado en San Roque de Riomiera y San Pedro del Romeral y era residual en Selaya a finales de los años sesenta del siglo pasado. Según Pilar García Mouton (1986: 131), borona «se documenta en Asturias: es la única respuesta en O 360 y segunda respuesta, tras maíz [sic], en O 500. Fuera de Oviedo, solo un punto del Norte [sic] de Burgos (Bu 202) contesta borona en segundo lugar, y otro en Santander (S 402) alterna esta respuesta con maíz. […] Aunque borona aparezca en estos puntos del norte como sinónimo de maíz, en general designa al ‘pan de maíz’ en Asturias y en Santander».

Por último, en el ALECMAN —mapa 221: maíz (flor del maíz)— se observan maíz y sus variantes al occidente y panizo con las suyas en oriente, además de adaza (CU 206, 405, 406, 407, 408, 409), araza (CU 405), copa, corona, escobilla, espiga, espigón, flor, flores o flor del trigo maíz (GU 111), mazorca (CR 102, 103, 510), palomicas (GU 318) y panoza (GU 112). La variedad denominativa se completa con algunos datos relevantes, como que «hay machos y hembras» (TO 312), que se llama espiga de la India (TO 608) o maíz de roseta (y «Hay muy poco», en CR 611), que el panizo y el maíz son diferentes (CR 310), o que el panizo es de «grano pequeño» y el maíz de «grano gordo» (CR 605).

2.2. Los nombres de la mazorca

En el ALEA (lámina 104, mapa 108), se documentan distintas variantes de carozo, espiga, mazaroca, mazorca, paniza, panocha, penocha y piña.

En el ALEICan (lámina 42, mapa 41), mazorca y piña se distribuyen por las islas mayores y El Hierro, mientras que en La Gomera y Lanzarote solo se encuentra la segunda y en La Graciosa no se documenta ninguna denominación.

En el ALEANR (lámina 125, mapa 109), se documentan cabeza (en Navarra, junto a koskorro, koskolla y koskotja), espiga (en La Rioja alta), mazorca (Lo 302, Na 200, Na 201), panizo (Teruel), panoja (sur de Teruel), panolla (oriente de Teruel, Zaragoza y Huesca), panosa (Lo 603), penosa (Hu 110), pinosa (Rioja baja, rivera de Navarra, Pirineo navarro, Huesca, norte de Zaragoza), piña (Lo 305, Lo 502, occidente de Zaragoza y de Teruel), además de artoburu en el norte de Navarra (Na 100, 101, 102) (cfr. Garcés 1989: 104).

En el ALECant (lámina 98, mapa 193: planta de maíz) se incluyen las respuestas sobre la mazorca: «Panoja es, con mucho, la voz más difundida; hubo unas pocas excepciones: espiga en S 207, 210 y 512 (alterna con panoja), mazorca en S 100 y 401 (en ambos sitios coexiste con panoja), panojo (S 208, 400)».

Finalmente, en el ALECMAN (mapa 2209 encontramos espiga y mazorca en el occidente, frente a panoja, panojo, panosa y piña, al oriente.

En resumen, cabeza (en Navarra, junto a artoburu, koskorro, koskolla y koskotja), carozo, espiga, mazaroca, mazorca, paniza, panizo (Teruel), panocha, panoja (sur de Teruel), panolla (oriente de Teruel, Zaragoza y Huesca), panosa (Lo603), penocha, penosa (Hu110), pinosa y piña se reparten el territorio cartografiado en los mapas consultados.

 

  1. Resultados y discusión

Por un lado, tenemos sustantivos polisémicos que combinan sentidos contables (planta, flor) e incontables (grano o semilla), frente a merónimos y holónimos que designan el fruto, una parte de la planta —la más relevante cultural y socialmente— compuesta a su vez por partes más pequeñas —las hojas, las barbas, el carozo o corazón y, de nuevo, los granos. Para el primero, junto al americanismo «MAÍZ, tomado de mahís, nombre que le daban los taínos de la isla de Haití» (DECH, s.v), general en la península —presente en todos los atlas—, encontramos, con sus variantes: panizo: «del lat. tardío PANĪCĬUM íd., derivado de su sinónimo el lat. cl. PANĪCUM»; mientras que, para el fruto, se alternan en todos los atlas este latinismo, el controvertido mazorca —«el origen romance de mazorca choca con serias dificultades» (DECH, s. v.), panoja —«del lat. vg. PANŬCŬLA ‘cabellera de una mazorca’, ‘mazorca’, lat. cl. PANĬCŬLA íd., diminutivo de PANUS ‘mazorca de hilo’, ‘panoja’» (DECH, s. v.)— y piña —«Piña [J. Ruiz], del lat. PINĔA íd. (conservado en iberorromance, oc. y dial. it.); acs. secundarias: ‘ananá’ [1519, Friederici, Am. Wb.] (estar en la piña, o metido en la piña ‘en situación difícil’ cub., Ca., 209, por lo punzante de las hojas del piñal); ‘mazorca del maíz’ albac. (RFE XXVI, 318); ‘puñetazo’ cub. (o piñazo: Ca., 184; cat. pinya íd.)» (DECH, s. v. pino). Asimismo se registran metonimias y sinécdoques clásicas (carozo, maíz o panizo para la panoja), metáforas o símiles (cabeza, espiga, artoburu, koskorro), además del americanismo general (maíz), los patrimoniales colectivos y derivados de pan (mazorca, panizo, panoja, panosa, penosa, pinosa y piña). Los merónimos carozo —«‘hueso de fruta’, salm., extrem., rioplat., ‘fruto de una clase de palmera, encerrado en una corteza muy dura’, ecuat., col., venez., centroamer., antill., ‘centro o medula de la panoja del maíz’ ast. occid., gall., del lat. vg. CARŬDIUM y éste del gr. καρύdιον ‘avellana’, ‘nuez pequeña’, diminutivo de κάρυον ‘nuez’, ‘almendra’» (DECH, s. v.)— y farfolla —«and., albac., ‘envoltura de las panojas del maíz, mijo y panizo’, en Murcia y Este de Andalucía perfolla y pellorfa, en Aragón barfolla íd. y ‘hollejo de la uva y de las legumbres’, en catalán pellofa y pellorfa ‘hollejo’, oc. perlofo, peloufo, probablemente derivados de PELLIS ‘piel’, con sufijo -ofa; en castellano, donde ha de ser catalanismo o mozarabismo, de pellorfa o de *perllofa se pasó a perfolla y farfolla» (DECH, s. v.)— completan el campo semántico del que nos ocupamos aquí.

En conclusión, dejando aparte la abundancia de sentidos figurados de los más variados pelajes y los sufijos inusitados como -ocha, -ofa, –oja…, podemos establecer las siguientes sinonimias:

Planta ‘grano’ (sust. incontable) ‘fruto’ (holónimo) partes (merónimos)
adaza

maíz

[millo]

[milloca]

panizo

adaza

maíz

[millo]

[milloca]

panizo

[artoburu]

cabeza

espiga

[koskorro]

maíz

mazorca

panizo

panoja

[panolla]

panosa

penosa

pinosa

piña

carozo

farfolla

En los nombres peninsulares o europeos del maíz y de la mazorca, como en los de las legumbres, los de otros fitónimos o dendrónimos usuales en la vida cotidiana de las comunidades de habla hispánica, o en los del ganado y los de los animales domésticos, menudean las etimologías problemáticas, de origen prerromano, exótico o incierto (Fernández Ordóñez 2016, Carriazo Ruiz 2023, Carriazo Ruiz en prensa). Las metáforas, metonimias, desarrollos morfológicos y símiles son transparentes, así como los vasquismos, de modo que los términos más interesantes históricamente de las sinonimias expuestas son los préstamos: el tainismo maíz (que falta en GEOLEXI y es la voz general), el arabismo mazorca o maçaroca, el helenismo latino carozo y el mozarabismo o catalanismo farfolla. Sobre el primero, véase Carriazo Ruiz (2014: 149-153). Tras el arabismo mazorca se esconde una historia apasionante que así nos cuenta Federico Corriente (1999: s. v. maçaroca):

maçaroca (pt.), mazorca (cs.) y mazaroca o mazorga (gl., segunda var. también leo.) ‘porción hilada del huso’, mazaroca (ext. y sal.) y mazorga (leo.) ‘mazorca’ y ‘carozo de mazorca’ (anl.) y mazaroca de millo ‘mazorca de maíz’ (can.): del and. mas/ṣúrqa o ma/uṣrúqa, hibridación del neoár. masūrah ‘tubo’ < neop. masure, con el sufijo rom. adjetivo {+ika} con el sentido primero de ‘(hilo) de tubo’, o sea, enrollado en el canuto1 [1 Según explicábamos en Corriente 1985: 142.]. Del mismo origen son el leo. (a)mazorga o mazorca ‘espadaña’ y el nav. mazarota ‘ racomo de cerezas’, var. fonética, por metanálisis y sustitución de sufijo, ambos con evolución semántica. Der. intrarrom. pt.: amaçarocar.

Veamos ahora, antes de pasar a las conclusiones, las ocurrencias de maíz, panizo, mazorca y panoja en el CDH para cuantificar su extensión.

maíz

panizo


mazorca

panoja

 

  1. Conclusiones y trabajo futuro

Es evidente que las formas panhispánicas son el arabismo mazorca y el tainismo maíz, mientras que panoja y panizo son españolismos. A partir de estas evidencias cuantitativas, podemos concluir que la historia de los nombres del maíz y de la mazorca es una de intercambios denominativos y de cosas: un claro ejemplo de la reconstrucción arqueológica o arqueología del sentido, de la que habla Jean-Philippe Dalbera (archéologie du sens) siguiendo a Michel Foucault. La historia del léxico es la historia de la cultura y la de las comunidades de hablantes, incluidos sus medios de vida y producciones agropecuarias, donde se cifra la continuidad colectiva más allá de los límites en la existencia de los individuos.

Bibliografía

ALCyL = Manuel Alvar (1999): Atlas lingüístico de Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León/Consejería de Educación.

ALECMAN = García Mouton, Pilar y Francisco Moreno Fernández, dirs. (2003): Atlas Lingüístico (y etnográfico) de Castilla-La Mancha, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, en línea: < https://alecman.web.uah.es/ > [última consulta: 27/06/2023].

ALEA = Manuel Alvar con la colaboración de Antonio Llorente y Gregorio Salvador (1961-1973): Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía. Granada: Universidad de Granada/CSIC.

ALEANR = Alvar, Manuel con la colaboración de Antonio Llorente, Tomás Buesa y Elena Alvar (1979-1983): Atlas lingüístico y etnográfico de Aragón, Navarra y Rioja. Madrid /Zaragoza: La Muralla/Institución Fernando el Católico de la Excma. Diputación provincial de Zaragoza/CSIC.

ALECant = Alvar, Manuel con la colaboración de Carlos Alvar, José A. Mayoral, M.ª Pilar Nuño, M.ª del Carmen Caballero y Julia B. Corral (1995): Atlas lingüístico y etnográfico de Cantabria, Madrid, Arco/Libros.

ALEICan = Manuel Alvar (1975-1978): Atlas lingüístico y etnográfico de las Islas Canarias. Las Palmas de Gran Canaria: Publicaciones del Excmo. Cabildo Insular.

ALPI = Tomás Navarro Tomás, dir.: Atlas Lingüístico de la Península Ibérica. En línea: <http://www.alpi.csic.es/es> [fecha de consulta: 7 de enero de 2024].

Alvar, Manuel (1991): “La terminología del maíz en Andalucía (ALEA I, 102, 103, 105, 107, 108)”, en Estudios de Geografía lingüística, Madrid: Paraninfo, pp. 261-271.

Caravedo, Rocío (2014): Percepción y variación lingüística. Enfoque sociocognitivo, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2014): “Los indigenismos en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas y José Antonio Pascual”. Epos: Revista de filología, 30, pp. 147-160.

Carriazo Ruiz, José Ramón (2023): “Etnobotánica, atlas y diccionario”, en M.ª Águeda Moreno Moreno, ed., Homo botanicus. Lengua cultura y símbolos del mundo vegetal, Berlín, Peter Lang, pp. 87-104.

CDH = Real Academia Española (2013): Corpus del Diccionario histórico de la lengua española (CDH). En línea: <https://apps.rae.es/CNDHE> [fecha de consulta: 27 de septiembre de 2023].

CORPAT = CORPAT: Corpus de los atlas lingüísticos, en línea <http://corpat.es> [fecha de consulta: 1 de octubre de 2023].

Dalbera, Jean-Philippe (2006): Des dialectes au langage. Une archéologie du sens, París, Honoré Champion.

DECH = Corominas, Joan y José Antonio Pascual (2012 [1980-1991]), Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos (edición electrónica).

Fernández-Ordoñez, Inés (2019): “Mass / count distinctions in Ibero-Romance dialects”, en Angel J. Gallego Bartolomé, coord., The syntactic variation of Spanish dialects, Oxford, Oxford University Press, pp. 60-107.

Garcés Gómez, María Pilar (1989): “La terminología del maíz en Aragón, Navarra y Rioja”. Epos: Revista de filología, 5, pp. 99-114.

García Lomas, Adriano (1966 [1999]): El lenguaje popular de la Cantabria montañesa, Santander, Estudio.

García Mouton, Pilar (1986): “Los nombres españoles del maíz”. Anuario de Letras, 24, pp. 121-146.

GEOLEXI = Instituto Cervantes-UNED: Geolexi, en línea: <https://geolexi.cervantes.es/#> [última consulta: 01/10/2023].

Meurman-Solin, Anneli (2014): “Historical Dialectology: Space as a Variable in the Reconstruction of Regional Dialects”, en Juan M. Hernández-Campoy y J. Camilo Conde-Silvestre, eds., The Handbook of Historical Sociolinguistics, Oxford, John Wiley & Sons Ltd., pp. 465-479.

Moreno Fernández, Francisco (2012): Sociolingüística cognitiva, Madrid-Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert.

Orea Alfaro, María Jesús (2000): “Contribución a la terminología del maíz en Alcañiz y su zona”. Alazet: Revista de filología, 12, pp. 121-146.

Penny, Ralph J. (1969 [D. L. 1970]): El habla pasiega: ensayo de dialectología montañes, London, Tamesis Books Limited.

Peña Arce, Jaime (2023): Tesoro léxico del español de Cantabria, Jaén, Universidad de Jaén-UJA editorial.

Torres Montes, Francisco (2022): “Terminología y usos del maíz en Almería: entre la influencia del murciano y el andaluz”. Tonos Digital, 42, pp. 1-29.

Villar Díaz, María Belén (2004): Una nueva perspectiva en el análisis de la meronimia. Tesis doctoral. Universidad de Salamanca (CD-rom).

Wierzbicka, A. (1985): “«Oats» and «wheat». The fallacy of arbitrariness”, en J. Haiman, ed., Iconicity in Syntax, Ámsterdam, John Benjamins, pp. 311-342.

* Este trabajo se inserta en los resultados de los proyectos Corpus de los Atlas Lingüísticos (CORPAT) (<http://corpat.es/>), coordinado por la profesora Carolina Julià Luna, Departamento de Lengua española y Lingüística general (UNED) y Grup de Lexicografia i Diacronia (UAB) – 2017SGR-1251, y CORPAT: lengua oral y cambio lingüístico en los atlas españoles» (CORPAT – LOCALEs) (PID2022-136628NB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033 / FEDER, UE.

[1] Página 261. «En Galicia, donde su arraigo es extraordinario, se introdujo a comienzos del siglo xvii, gracias a los cuidados de don Gonzalo Méndez de Cancio, gobernador de la Florida (cfr. F. Bouza Brey, Noticias históricas sobre la introducción del maíz en Galicia. BRAH, CXXXII, 1935)» (nota 3). «Desde el punto de vista léxico, las designaciones del maíz no presentan otra diferencia con respecto a la lengua oficial que la de panizo. Denominación que, apoyada en la dialectología oriental (murciano-aragonesa), goza de absoluta vitalidad en el poniente del dominio» (262). «Las designaciones de la mazorca […] señalan dos areas clarísimas: una Andalucía oriental, con el murcianismo panocha (de origen mozárabe […]) y otra Andalucía central y occidental con la voz mazorca y términos con ella emparentados […]. El término piña está menos extendido y en frecuente coexistencia con los otros dos» (266). «La consideración de los cinco mapas anteriores nos ha venido a plantear —desde su enorme limitación— algunos problemas de interés. En primer lugar, hachos de biología lingüística, como saber qué recursos emplea la lengua cuando tiene necesidad de designar con viejas “palabras” a las nuevas “cosas”. En segundo, salvar restos muy antiguos de vocabulario que se denuncian por una evolución fonética totalmente anquilosada y asegurar el étimo —la verdad— de alguna voz. En tercero, conocer la marcha de la historia a través del espejo de su vocabulario. Y, por último, inferir alguna consecuencia sobre el cultivo del cereal en Andalucía» (268). «Los mapas señalan con gran nitidez la existencia de un área oriental (panizo […], panocha) y otra centro-occidental (maíz […], mazorca)» (269). «Todo esto, sin embargo, silencia un hecho importante. El maíz ha sido traído a Andalucía. Este fragmento de nuestra historia económica también pued eiluminarse desde la distribución geográfica de las palabras. […]: el maíz no se cultivaba —o carecía de interés su cultivo— en pueblos andaluces que hoy lo hacen crecer, incluso en campos de secano. Esas formas “eruptivas” del léxico han sido traídas por hombres que no han necesitado ganar las tierras intermedias: gentes del occidente peninsular que migraron en busca de nuevos asentamientos, según nos permite reconocer la lingüística (marojo, carozo, mazorca)» (270-271).

El vocabulario específico del español en Guinea Ecuatorial

Ya le he dedicado en esta bitácora dos entradas a la variedad de español empleada en Guinea Ecuatorial: La investigación sobre el español de África en la UNED y El español en Guinea Ecuatorial: posibilidades de investigación lingüística. También hay ya un par sobre africanismos etimológicos del español: áscari y chimpancé; pero aún no se ha tratado en ninguna el vocabulario específico del español empleado en Guinea Ecuatorial y el pasado fin de semana un usuario ha planteado en un comentario “una preguntita, como cuales son algunos ejemplos de palabras en español que son de guinea ecuatorial? es q no se como cuales podrían ser”. Además, en el próximo congreso de la Asociación Española de Estudios Lexicográficos que se celebrará en La Laguna (Tenerife), voy a presentar una comunicación sobre ese tema, de modo que ha llegado el momento de escribir unas líneas sobre el vocabulario específico del español hablado en Guinea Ecuatorial.

La historia de la lengua empleada por España para la administración en los territorios de la actual Guinea Ecuatorial se reduce, principalmente, a tres periodos: el colonial, hasta 1956 (territorio o colonia de Guinea Española); el provincial, con dos etapas y denominaciones: Provincia del Golfo de Guinea (1956-1959) y provincias ultramarinas de Fernando Poo y Río Muni (1959-1963); y el autonómico, cuando ambas provincias constituyeron una comunidad autónoma llamada oficialmente Guinea Ecuatorial, que llega hasta la independencia proclamada el 12 de octubre de 1968. Para el estudio del léxico específico del español empleado durante esos períodos en la administración del territorio se parte del vocabulario incluido en Quilis y Casado Fresnillo (1995): La lengua española en Guinea Ecuatorial, Madrid: UNED (§ 6.13. Léxico, pp. 347-473), recogido mediante encuestas y entrevistas realizadas entre 1981 y 1993 en Guinea Ecuatorial. De las más de 1855 unidades léxicas reunidas en ese volumen, se han seleccionado sesenta y cinco términos por su especificidad ecuatoguineana y por ser caracterizadores del vocabulario empleado por la administración colonial en el período histórico estudiado, agrupados en las siguientes categorías: préstamos de las lenguas autóctonas (balele, fritambo –recogido por Zarco (1938), que lo define como ‘antílope’–, mininga –del fang mininga ‘mujer’), guineanismos (antaños ‘hace mucho tiempo’, chocolate ‘semilla del árbol del chocolate’, hermanito ‘individuo de la misma etnia’, tumba ‘tronco de árbol ahuecado que se utiliza como instrumentos musical y para transmitir mensajes’), voces históricas (castizar ‘hablar bien el español’, factor ’empleado de una factoría’ –i. e. «establecimiento de comercio, especialmente el situado en país colonial»–, gracia ‘nombre propio’, sobordo ‘dietas, viático‘), americanismos (aguacate, batata, cacahuete, cacao, chapear, enojarse, guagua, mangle, marimba, parar(se), pelucar(se)/peluquear(se) ‘cortarse el pelo’), filipinismos (abacá, nipa, salacof/salacot), exotismos (harmatán, hausa ‘vendedor nigeriano de artesanía’, pangolín), galicismos (concretizar, gendarmería, haricot, page, reveyar(se), timbre  ‘sello’) y anglicismos o préstamos del pidgin-english (barman, batamán ‘hombre natural de Bata’, boy, chuku-chuku bif ‘puerco espín’, chuku-chuku fis ‘erizo de mar’, clote, contrimán ‘paisano, compatriota’, contrití ‘hierba limón o citronela, cuyas hojas se toman en infusión’, crafis ‘cangrejo de río’, cuík ‘rápido’, estok ‘cantidad’, finis ‘se acabó’, grombif ‘rata grande comestible’, guachi, guachimán, implemento, masa ‘jefe’, misis ‘forma de tratamiento para dirigirse a una señora blanca’, moni ‘dinero’, motoboy ‘ayudante del chófer del camión’, muf ‘¡Vete!, ¡Márchate!’, nati ‘nada’, palabra ‘pleito’, pepe ‘pimienta negra del país’, picú ‘automóvil con caja metálica empleada para el transporte de carga’, pichi, pichinglis, planin ‘plan’, potopoto ‘barro, fango, lodo’, rembur/rembut ‘botas altas de goma utilizadas en los trabajos del campo’,  y sobar ‘empujar’).

Zarco, Mariano de (1938): Dialecto inglés-africano o broken-english de la colonia española del golfo de Guinea. Segunda edición [corregida y aumentada, la primera es de 1918], Turnhout (Bélgica): Establecimiento H. Proost y Cia (apud Quilis & Casado-Fresnillo, 1995).

Imagen del encabezamiento: Malabo desde el aire el 13 de octubre de 2001, fotografía tomada por Ipisking y publicada en Wikipedia con una licencia CC BY-SA 3.0

El burgués gentilhombre de Molière, las humanidades digitales y yo

Monsieur Jourdain, el burgués gentilhombre de Molière, dialoga en la escena cuarta del acto segundo con el maître de philosophie, quien le advierte de que debe elegir entre prosa o verso para escribir una carta a su amada, pues “il n’y a pour s’exprimer, que la prose, ou les vers”. Tras las explicaciones pertinentes del maestro de filosofía, sorprendido, el burgués gentilhombre replica “Par ma foi, il y a plus de quarante ans que je dis de la prose, sans que j’en susse rien”. A mí, cuando oí hablar por primera vez de las humanidades digitales, me pasó como al monsieur Jourdain de Molière: llevaba yo entonces un par de décadas haciendo humanidades digitales sin saberlo. Así empieza el fragmento del programa UNED-Sin distancias, emitido el pasado dos de noviembre en Radio3 y dedicado a la formación permanente de la UNED, en el que la profesora Carolina Julià Luna y yo intervinimos para presentar el curso «Humanidades Digitales: Recursos y Herramientas para el Estudio y la Enseñanza de la Lengua Española», que se impartirá entre el dos de diciembre de 2020 y el dieciocho de mayo de 2021. La matrícula está abierta hasta el próximo lunes, 30 de noviembre.

Con la dirección de la doctora Julià, el equipo docente está ya trabajando en el desarrollo y la construcción del curso dentro de la plataforma digital de enseñanza y aprendizaje Alf de la UNED. El curso en Alf cuenta con herramientas como el glosario, los foros de debate, distintas tareas y cuestionarios para construir entre todos, estudiantes y docentes, un conocimiento actualizado, instrumental y aplicado de las herramientas hoy disponibles para la enseñanza y la investigación en lengua española. Como ya dije en un tuit hace unas semanas: todo lo que se necesita saber para enseñar e investigar en lengua española cuando arranquen, en un par de meses, los locos años veinte. Si estás interesada en la enseñanza del español como L1 y L2 en internet, en la investigación lingüística, la lexicografía digital, la ecdótica informatizada, la etnolingüística mecánica, las industrias de la lengua o la traducción automática y asistida por ordenador, no dejes pasar esta oportunidad. Por si queréis más información, os dejo el acceso en Canal UNED a la grabación del fragmento sobre el curso; aquí lo tenéis.

¿Qué eran y para qué servían los chinchorros?

Según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, de Joan Corominas y José Antonio Pascual, el chinchorro designaba una ‘especie de red a modo de barredera que usan los pescadores para pescar’ y también un ‘barquichuelo de pesca empleado en América’. Del nombre de la embarcación de pesca se pasó al de la red en que esta se usaba, y de ahí a ‘hamaca de cabuyas, empleada como lecho por los indios’.

En varios textos atribuidos a Américo Vespucio se mencionan por primera vez las hamacas indias, descritas como «retiaculis quibusdam magnis ex bombice factis et in aëre suspensis» (Mundus novus, 1507, apud Fernández de Navarrete (1964) [1825-1837]: 133); según Stefan Zweig (1942: 53), en la carta Soderini, Vespucio se refiere a ellas como hammock. Sobre la relación semántica entre el término chinchorro ‘red’ y hamaca, apunta Martha Hildebrandt (2001: 434): «Los españoles alternaron en Venezuela hamaca con chinchorro, nombre hispano de una red de pesca cuyo tejido la hacía recordar. Pero pronto se hizo distinción entre hamaca y chinchorro (la hace Gumilla), y hoy en Venezuela se llama hamaca la de tejido compacto, y chinchorro la de red».

José Ramón Carriazo Ruiz – Profesor de lengua española de la UNED

 

Imagen del encabezamiento :«Rest Hammock… Cumaná, Sucre, Venezuela…» de José Pestana, publicada en Flickr con autorización para su reutilización no comercial.